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Nació el 19 de diciembre de 1935 en Colonia Baranda, provincia de Chaco. Hijo de Inmigrantes italianos, Luis es el séptimo entre ocho hermanos. Siendo muy pequeño, su madre fallece y pasa a ser criado por sus padrinos. La ruptura de su familia de origen no impide que Luis siga manteniendo contacto con sus hermanos, de los cuales tres viajan a vivir a Buenos Aires. Cursa sus estudios primarios en las localidades de Resistencia y Villa Angela, y comienza a destacarse por su gran facilidad para narrar historias. Participa de los cuadros artísticos de la Parroquia de Villa Angela y, luego del servicio militar, forma parte del conjunto folklórico "Los Cardenales". Se casa con Guadalupe Beatriz Mancebo y en \1963 nace su primer hijo. Posteriormente integra la delegación de Chaco que participa del Festival de Cosquín de 1964. Allí es consagrado revelación como cuentista y recitador, hecho que le brinda el estímulo necesario para intentar suerte en Buenos Aires. Vive dos años en la Capital Federal y comienza a destacarse en lugares como "La Tribu de los Farías Gómez" y "La Peña de Fanny", a la vez que nace su segundo hijo en 1966 y hace esporádicas apariciones en radio y TV ("Peña de Peñas", "Casino Phillips"). Para instalarse definitivamente en Buenos Aires, Landriscina decide empeñar su casa de Villa Angela y poco después, hacia 1968, firma su primer contrato discográfico. Inaugura y actúa todos los domingos en el Canal 13 de Santa Fe junto a un elenco integrado además por Ramona Galarza, Los Cantores del Alba, el Ballet de Ismael Gómez y Néstor Fabián, logrando una enorme trascendencia en todo el Litoral. En Buenos Aires, se suceden sus participaciones televisivas ("Sábados continuados", "Completísimo") y Canal 13 le ofrece realizar un micro de humor, todas las noches antes del noticiero. A principios de los '70 su popularidad se multiplica y hace en radio "Mano a mano con el País", un éxito que lo lleva a realizar, cada año, más de 130 presentaciones en festivales entre los meses de octubre y febrero. Instalado definitivamente en el sitio de los elegidos por el gusto popular, comienza en 1971 a realizar temporadas en Mar del Plata. Primero en la Confitería París, luego en el Hotel Provincial y más tarde en el Hermitage. Paralelamente, y con un vertiginoso ritmo de trabajo, se suceden los discos y las presentaciones en el exterior. Desde 1965, y a lo largo de toda su carrera, Landriscina ha visitado Uruguay, Chile, Paraguay, Puerto Rico, Israel, Estados Unidos, Canadá y Australia. También hace incursiones en cine, participando de las películas "Joven, Viuda y Estanciera", "El casamiento del Laucha", "Millonario a la Fuerza", y la serie de películas "Argentinísima". Hacia 1974 deja de participar en festivales con la excepción de Cosquín, y donde sigue yendo todos los años, y se dedica con especial atención a la radio y la televisión. En 1977 realiza su primer temporada en un teatro grande de Buenos Aires, con el espectáculo "El mundo de Landriscina" en el Teatro Coliseo. Trabaja junto a Héctor Larrea (su personaje "Don Verídico" ocupa durante diez años las mañanas de Radio Rivadavia) y produce los programas televisivos "Landriscina con Todos", "Landriscina con todo el País", "Landriscina de entrecasa", "La Estación de Landriscina" (1992) y, "Landriscina con todos" (1996) y actualmente en el aire "Landriscina, Mano a mano con el campo", de carácter agropecuario. Ha grabado 26 discos y cosechó en su carrera dos premios Prensario, tres Santa Clara de Asís, una Estrella de Mar, la orden del Quebracho en Chaco, un premio Broadcasting y, por su programa de radio actual "Mateando con Landriscina", gana su primer Martín Fierro (1995), además de innumerables condecoraciones en el País y el exterior. Con treinta años de trayectoria, Luis Landriscina es hoy una de las figuras más populares de nuestro País, auténtico representante y experto en los usos y costumbres de las más diversas regiones de la Argentina. Diciembre de 1999.- http://www.chaco.gov.ar/cultura/literatura/landriscina/landrisc.htm 
Luis Landriscina
Pedido de Mano
Cuento
Una cosa que ha ido variando con el
paso del tiempo, y recurro también a la memoria de los mayores: el protocolo o
la institución que fue alguna vez el noviazgo. Y esto a los más chicos les va a
resultar hasta risueño, gracioso tal vez, porque yo voy a refrescarles la
memoria a los mayores lo que era estar de novio hace unos años: primero había
que conseguir la dama, que ella viera si el venía con buenas intenciones, le
dedicara alguna sonrisa y se encontraran a la salida del cine, a la salida de
misa o en un baile. Pero cuando ya se entablaba una relación, uno no podía
llegar hasta la casa; llegaba una cuadra antes, porque no estaba autorizado ya
que no había pedido la mano.
Y las madres de las chicas se
justificaban con las vecinas diciendo: es una "simpatía" de la nena pero no
hay nada serio todavía. Y cuando se establecía la relación ya concreta y la
cosa pintaba para casamiento, había que pedir la mano y había que ir a la casa
de la novia, y había un rito para esto. Se elegía una noche, que podía ser
jueves a la noche o sábado a la noche, y se hacia cena con picada y todo, y los
dueños de casa, o sea las familiares de la novia, se vestían como para comunión,
todos de negro o azul oscuro; a veces hasta los abuelos estaban para conocer al
candidato, y los más chicos con un moño enorme, parecían gato de rico... Y venia
el novio y saludaba a todos, mano a mano, y se comía en un clima de cierta
rigidez protocolar: se agarraba el cubierto como nunca se agarraba con el dedito
para arriba, y no se volcaba vino para nada, y después de la cena el padre y la
madre de la muchacha lo invitaban a pasar a la sala al candidato. La chica
quedaba afuera y él exponía sus intenciones y sus posibilidades en la vida. Y
de acuerdo a si llenaba las expectativas que tenían los padres para el
futuro de su hija, le decían.
-Bueno, desde la semana que viene
puede considerarse como uno más de la casa, casa que entendemos que usté va a
respetar, respetando a nuestra hija. A partir del jueves que viene, usté puede
venir jueves y sábado de noche, domingos a la tarde, porque el lunes se trabaja,
y los jueves y sábado incluye cena en la visita; usté va a ser bienvenido en
nuestra mesa. Y hay novios que han engordado con el sistema. Y eso no me
pueden negar que ha cambiado, porque hoy en día si los hijos te avisan que se
van a casar ya es un homenaje a los padres. Hay algunos que te avisan después. Y
bueno: éste es el caso de la historia que les voy a contar. Una chica de este
tiempo con un muchacho de aquel tiempo. Mejor dicho, el padre de la chica,
hombre de aquel tiempo; la parejita, de esta época, modernos los dos.
El padre de la chica, patriarca,
conservador, tradicionalista, fiel a sus propios principios y convicciones,
llamó a su hija y le dijo:
- Dígale al
mocito ése que anda con usté que venga a hablar conmigo en relación a uste.
- Y la chica muy
moderna le dice:
- ¡Pero, papá!
¡Estas cosas no se usan más ya!
- Le clavó los
ojos el viejo.
- Lo que se usa
de las puertas de casa afuera me tiene muy sin cuidado. A mí me importa lo que
se usa de las puertas de casa para adentro. Las leyes de la casa las dicto yo,
y usté es parte de mi casa. Y dígale al caballerito ese, eh, que si quiere
seguir viéndose con usté lo espero hasta el jueves. Después del jueves que
busque otra novia. Y viá tener la delicadeza de esperarlo con una cena.
Y fue la chica a hablar con el
muchacho y le dijo:
- Mira que vas a
tener que hablar con papá.
- ¡Está loco tu
viejo!.
- Pero mirá que papá...
- ¡Pero esta
loco! ¿Qué te pensás! ¡Qué me voy a vestir de D’Artágnan como en el siglo
pasado; voy a ir con la capa y la espada y el sombrero y le hago la corte...?
¡Nooo!, ¡Eso es del siglo pasado! ¡Disculpame, Carmencita!.
- Mirá que papá
dice que no nos vamos a ver más...
- Así que por
cariño a la chica al final fue. Jueves a la noche: picada y cena. En la picada
nomás va el padre vio mal parado al candidato. Así que lo encaró antes, cosa
de ahorrarse la cena. Lo hizo pasar para adentro; se sentaron, se sentó, mejor
dicho, el padre de la chica, a él lo dejó parado; cerró la puerta; no había
mas nádie; de hombre a hombre: era la cosa. Un sillón de esos de gobernación
de provincia, bien afirmado. Lo miró a los ojos y dijo:
- Usté verá qué
es lo que me tiene que decir, mocito.
Y el otro, medio desfachatadón dice:
- Bueno, yo le vengo a avisar para
que no se entere por boca de ganso, que ando enoviando con su hija y quise
avisarle algunas cosas de mi vida pa’ que no se las tenga que averiguar por las
chismosas de la zona. Soy bastante trasnochador, fumo y chupo como loco, me doy
vuelta p’afuera, soy muy timbero, vivo en el hipódromo, me encanta la timba...
- Al viejo se le
iba encrespado el cuero del cogote... como puma para saltar... Y el otro sigue
enumerando sus virtudes.
Dice
- Soy bastante
mujeriego, gracias a Dios...
No podía creerlo el padre de la
chica.
- jPero usté no
tiene vergüenza!
- Tampoco tengo
vergüenza... Eso sí: tengo tres estancias y una fábrica funcionando.
- Bueno -dice el
viejo- ¡Perfecto no hay nadie en la vida!.
De todo como en galpón,
Imaginador, Bs. As. 1994.
Selección: Antología de Autores
Chaqueños - María Azucena Villoldo - Obdulia García)

Pagina nueva 14
MÉDICO Y CARPINTERO (CUENTO
A los pueblos del
interior llegan de tanto en tanto los visitadores médicos y les dejan a los
médicos las muestras de una nueva droga contra esto, o una nueva droga contra
aquello.
- Pruébela - le dice el visitador del laboratorio al doctor -, porque esto
ha superado totalmente la...
Entonces los médicos van almacenando cantidades de estas muestras de
remedios. Y éste del que les voy a contar era uno de ésos que solía hacer lo que
hacen casi todos los médicos de pueblo : obra social con esas muestras gratis.
Pero si alguno de ustedes es médico o si algún médico les ha dado alguna vez
una de estas muestras, saben que suelen tenerlas en una caja grande, y después,
para encontrar el específico que necesitan, tienen que revolver como a gallina
clueca.
- Pero si yo lo tenía, yo lo tenía... pero si el otro día estaban atados con
una gomita... yo lo tenía.
Y ustedes a esta altura se preguntarán : ¿ y el de la farmacia... ? No, no
hay problema. Porque el médico no hace siempre esto de entregar las muestras
gratis, sino sólo cuando lo exige la circunstancia.
Por ahí viene del campo una señora que tiene cuatro o cinco chicos, y todos
están con sarampión o con varicela. Y el doctor sabe que la economía no le da
para comprar remedios para los cinco. Ahí es donde él mete la mano en la caja
ésa.
En el caso del médico de nuestro cuento, como cada vez le resultaba más
engorroso encontrar cada medicamento, le encargó al carpintero del pueblo que le
hiciera una suerte de vitrina, como para tener una pequeña farmacia, e ir
derecho a lo que buscaba y no perder tiempo en revolver.
Los carpinteros son iguales en todos lados. Algunos demoran seis meses,
otros ocho. Si tiene teléfono, vos los llamas... y ellos te responden :
- Estoy en eso, ehhh...
Después te dicen :
- Estamo´ estacionando la madera...
Las carpinterías de pueblo son completas : con sierra sinfín, cepilladores,
tupí. Y suelen traer los troncos, porque ellos mismos hacen las tablas. Entonces
se junta aserrín, se junta viruta, y van haciendo las pilas, casi siempre en
grandes tinglados abiertos. Y vos ves las pilas de madera acá y más allá las
pilas de los recortes, que es lo que les va quedando, las costaneras, los
pedacitos ésos que después les pedís pa´l fuego, porque total pa´ qué los
quieren...
Como ya había pasado de castaño oscuro la demora, nuestro médico de la
vitrina arrancó para lo del carpintero, que se llamaba Ledesma.
Y llega el doctor y se para sobre una montañita de aserrín apelmazado en el
piso por la lluvia. Como estaban pasando la cepilladora en un tablón, primero de
un lado, después del otro y enseguida de cada uno de los cantos, el ruido era
impresionante. Por lo que, al no poder decir ni una sola palabra, el médico se
dedicó a observar.
Ahí cerca, el carpintero estaba trabajando con un formón la vitrina que él le
había encargado. De pronto se le escapa el formón y le hace toda una zanja a la
tapa del mueble.
Entonces, con total naturalidad el carpintero agarró un poquito de cola, un
puñadito de aserrín, mezcló todo haciendo como una masilla, la aplicó sobre el
surco, con la espátula sacó el sobrante, pinceló con aceite de lino y siguió
trabajando.
El médico siguió toda la operación. Cuando paran de hacer ruido los otros
con los tablones, le dice :
- ¿ Qué tal, Ledesma ?
- Ehh, doctor, no lo había visto. No me diga que estuvo hace rato.
- Si. - Pero no me di cuenta.
- Si, me di cuenta yo también de que no te diste cuenta. Y entonces comenta
el doctor, irónicamente :
- Vos sabés que, parado acá, viéndote trabajar, te tengo que decir que
sinceramente te envidié, che. Porque vi que fácil es el oficio de carpintero.
Cualquier macanazo..., un poco de masilla, aserrín, cola, aceite de lino... y
arreglao el macanazo.
- Y al escuchar esto, el carpintero se sintió agredido en lo más intimo. Por
lo que lo mira y le dice :
- Más o menos como el oficio de usted, doctor. Nada más que los macanazos de
ustedes los tapan con bastante tierra.
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