El tren de los
recuerdos.
Hoy deseo estar
conmigo…
Quiero acurrucarme
en un asiento del tren de los recuerdos.
Quiero hacerme
chiquitita y volver al regazo de mi abuela.
Quiero pasar
disimulada y que la gente no me vea.
Quiero detener las
manecillas del reloj de la madurez y caminar por las calles,
Tomada de la mano de
mi abuela.
Quiero arremolinar
las nubes y provocar una tormenta,
para tener la
excusa de abrazar a mi hermanito.
Quiero mirar por la
ventana de se tren y perderme en los matices del azul de los cielos
Y los verdes del
campo.
Quiero que la gente
no me hable y escuchar solamente,
el relato de los
cuentos de la infancia.
Quiero que el tren
no se detenga y así observar el esplendor de la luna redonda,
Que de chica me
mantenía absorta por su brillo y nitidez.
Sin pensar, sin
culparme, sin recordar otras cosas…
Quiero que el tren
siga un camino infinito…
Y que el tiempo se
estire como si las agujas del reloj fueran de goma.
Quiero volver a
apoyar mi cabeza en la almohada y pensar:
lo que desearía ser
cuando crezca.
Que no haya
impedimento alguno para que yo cure mis heridas
con las vendas del
pasado.
Que las caricias
sean eternas y se terminen las palabras, supuestamente coherentes,
De los adultos que
oscurecen la claridad de los conocimientos de los niños.
Que no deba fingir
una sonrisa, que el engaño no se acerque y que
La mentira de las
palabras falsas, se me olviden.
El tiempo se detuvo
bastante, pero el tren igual llegó a destino.
Sacudo mi decepción
y me veo tal cual soy.
Ya no soy esa niña
pero mientras vuelvo a caminar por los senderos de la vida, vuelvo a ver: esa
luna redonda y me doy cuenta que,
Si bien, se fue el
tren de los recuerdos:
¡Nunca! Llegará, el
tren del olvido…
Saya Maabar